Elecciones

 

Parecerá contradicción de este título el que le precede, sin embargo, no es así…

 

Yo como muchos mexicanos más, anulé mi voto, lo digo así sin más, sin remordimientos pero también sin falsos triunfalismos…

 

Y no es que sienta la necesidad, impulso u obligación de justificar mi decisión, simplemente es la certeza de saber que no hay una opción válida para empeñar el ánimo y la expectativa en un rumbo mejor.

 

Fueron varios millones de spots en todos los medios de comunicación, y aunque confieso que no los vi ni oí todos (gracias a Dios y por conservar la salud mental), en aquellos que bombardearon mis oídos y pupilas, no hubo una sola propuesta, una sola idea, un rasgo de convicción o por lo menos, un asomo de inteligencia que trajera algo de esperanza que permitiera creer que podría haber un rumbo…

 

En algunos aparecía la sátira de una niña cocinando y esforzándose por aparentar gracia y madurez, a un lado de un tipo bigotón que parecía más infante que su interlocutora.

 

En otros se ensalzaba al presidente y sus acciones contra el narcotráfico y la delincuencia que más que propuestas de convicción, me sonaban a amenazas.

 

Hubo otros que se apoyaban en actores juveniles, (Araiza ya no tanto) que le dieron matiz de telenovela a sus demagógicas ideas sobre temas tan dispares como el secuestro, las medicinas y la computación e idiomas.

 

Algunos se pitorrearon de nosotros apelando a la amnesia del mexicano para revestir con su “experiencia” lo que ellos llaman mejores tiempos.

 

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